En el último tren de la tarde
como un jugador infeliz
huyó el sol emigrante.
Caras de despedida
en todas las ventanas.
Los suicidios frustrados
desandan los viaductos.
El río está lleno de espadas.
Reverberos apresurados.
pasan silbando por las calles.
Y el gran brasero de los pobres.
se vuelca en el paisaje.

Mónica Mayta Guzmán escribió,
Mayo 28, 2007 @ 10:15 pm
Dicen que la palabra crepúsculo es la más hermosa del castellano y estoy de acuerdo con eso, porque más allá del romanticismo que pueda evocar está la dificultad del lenguaje para representarlo, y es que la subjetividad de cada autor es particularmente única y es precisamente eso lo que convierte a una forma de expresión en arte como en el caso de este poema.
Iraide escribió,
Mayo 30, 2007 @ 12:44 pm
Creo que tienes razón, en el poder de expresar una idea escurridiza reside el mérito de algunos poemas. Besos.