Friedrich Hölderlin (La noche)

La noche

En torno reposa la villa. Calla la iluminada senda,
y con antorchas ornados parten los coches en un susurro.
Satisfechas vuelven las gentes a casa, a reposar las alegrías del día,
y lo ganado y lo perdido sopesa una sensata cabeza
complacida en su casa; vacío se encuentra de uvas y flores,
y de labores artesanas descansa el laborioso mercado.
Mas el tañido de cuerdas resuena en jardines lejanos;tal vez
toque allí una amante, o un hombre solitario
que amigos lejanos recuerda, y la juventud; y las fuentes
siempre manando, frescas, arrullan el aromático parterre.
Quedos en el aire crepuscular suenan tañidos
y de las horas un guardián el número llama.
Ahora se levanta el viento y agita las cimas de la floresta,
¡mira! Y el reflejo de nuestra Tierra, la Luna
se suma ahora en secreto, también la embaucadora, la noche, llega,
plena de estrellas, despreocupada de nosotros
brilla allí la sorprendente, la extraña entre los hombres
por encima de las cumbres, triste y hermosa.

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